Soy un Don Nadie, pero quiero más.
Actualizado: 8 may
Comenzando desde cero, sin dinero ni contactos. ¿Hasta dónde se puede llegar simplemente con esfuerzo?
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Una Pequeña Catarsis
Bueno, antes que nada, gracias por detenerte a leer. Sé que probablemente tenías mejores cosas que hacer (tal vez), y me alegra que me hayas dado esta oportunidad de contarte una o dos cosas sobre mi situación.
Para que sepas, utilizaré este espacio para hacer una pequeña reflexión (completamente sujeta a mis experiencias y criterios) sobre cómo crecer, en casi cualquier aspecto de la vida, es más difícil de lo que aparenta. Y es que, no sé ustedes, pero yo siento que a veces me quedo atrás. Pienso en los sueños que tenía de niño, en mis ambiciones de adolescente, en mis objetivos de adulto y… me doy cuenta que no llego ni a la mitad de lo que esperaba ser y hacer. Veo que, de esa enorme lista de deseos que he escrito durante los años, apenas he tachado un par de ítems (y ni siquiera los más interesantes).
¿Te ha pasado a ti? ¿Te has sentido de esa manera alguna vez? (Espero que alguien responda que sí, no me gustaría ser el único frustrado)
Pues, llevo tiempo pensando en esto. Y solo he llegado a una conclusión: “Tengo que hacer algo”. Después de todo, lo único que sé con claridad es que no estoy donde quiero estar; y la única forma de salir de aquí, es moviéndome.
Así que te invito a acompañarme en este viaje. Como lo dije al principio, yo (al igual que muchos) soy un simple Don Nadie, pero quiero ser más, mucho más. En esta nueva NewsLeter, que acabo de inventar, te contaré sobre mi proceso y cómo hago para tratar de mejorar en cada aspecto de mi simplona vida.
¿Quién sabe, quizá esto te sirva a ti también? Espero que así sea.

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¿Quién soy y qué quiero?
Wow. La pregunta sonó más profunda de lo que esperaba. Pensaba hacer una simple presentación de mi persona, pero creo que tengo una idea mejor.
Y es que, ¿cada cuánto nos hacemos esta pregunta a nosotros mismos? ¿Cuándo fue la última vez que te miraste al espejo y te dijiste a ti mismo: “quién eres tú, qué es lo que buscas”? Probablemente ni si quiera lo recuerdes.
En mi caso, lo recuerdo perfectamente. Fue cuando estaba completamente roto…
Ahh… no es algo que me guste recordar, ¿saben?
Dudo que haya alguien a quien le guste volver la mente a esos momentos. Esos malditos días donde todo sale mal y el mundo entero parece caerse a pedazos frente a tus ojos. Donde comienzas a dudar de todo lo que has hecho, de tus creencias, tus capacidades e incluso de tu propia sombra.
Creo que todos tuvimos al menos uno de esos, un momento en el cual sentimos que todo se iba a la mierda; que ya nada valía la pena, que nosotros mismos no valíamos la pena. (Si no lo has experimentado, mejor prepárate, la vida no deja títere con cabeza)
Pues fue en uno de esos terribles episodios donde me hice estas preguntas.
Si les gusta el chisme, les cuento (si les da pereza, pueden saltar a la conclusión):
En esa época (hace algunos años, tampoco estoy tan viejo) me encontraba cursando el último año de la escuela secundaria (o preparatoria, depende de cómo le llamen, fue el año anterior a la universidad).
Dicen que Dios le da un don a cada persona. Pues en el sorteo a mí me tocó el don más aburrido de todos: ser un completo nerd.
No era el número uno de la clase, nunca me esforcé lo suficiente para ello. Pero era extraordinariamente listo (o eso creía). Literalmente dormía durante las clases y luego sacaba excelentes calificaciones sin ningún tipo de esfuerzo. No necesitaba estudiar ni practicar, mi simple labia y razonamiento me permitían resolver cualquier examen. La escuela se me daba extraordinariamente bien y yo me aprovechaba de eso.
Fue entonces cuando surgió una oportunidad, una que solo se les ofrecía a las escuelas técnicas como la mía. Se trataba de una beca, en una de las más costosas e impresionantes universidades de mi país. Para ello, se realizaba un examen a nivel nacional y los que obtuvieran los primeros quince (15) puestos en el examen podrían postularse para la beca. La idea, me fascinó.
Por si lo pensaban, no. No fui tan idiota como para utilizar la misma técnica de holgazanear hasta el día del examen, como bien había hecho hasta entonces. Se trataba de una competencia a nivel nacional, no iba a ser fácil y lo sabía.
Para colmo el examen sería de Neurología y Biociencias. Yo iba a una escuela en la que estudiábamos electromecánica, jamás había tocado un libro de biología en mi vida. Claramente, las probabilidades no estaban de mi lado.
Así que, durante un año, me quemé las pestañas leyendo libros, haciendo resúmenes, prácticas y toneladas de exámenes similares. Yo no solía estudiar, pero bien sabía cómo hacerlo si lo necesitaba.
Sin embargo, a pesar de todo mi esfuerzo, no logré aplicar para la beca. De los más de tres mil estudiantes que realizaron el examen, logré quedar en el puesto dieciocho (18), a tan solo tres lugares de entrar. Generalmente, haber logrado esa hazaña debería haber sido una alegría para cualquiera. Pero a mí me destruyó por completo…
En los días posteriores al examen, me sentí una completa basura. El único talento que creía poseer acababa de serme completamente inútil cuando más lo necesitaba. Tan solo recordarlo me duele. Había planificado tantas cosas que haría en esa universidad, tantas ideas e ilusiones. Todas ellas se fueron a la mierda de un solo golpe.
¿Y la culpa? Completamente mía.
Si hubiera estudiado más. Si hubiera pensado de otra manera esa pregunta. Si hubiera prestado más atención. Si…, si…, si… Y todas esas posibilidades, que sabemos bien, nunca podríamos cambiar aunque por más que las pensemos.
(Aquí viene la conclusión, aviso para los perezosos)
Fueron días horribles. De esos en los que te levantas de la cama por simple inercia, te mueves en automático y, mientras tu cuerpo se encarga de mantenerte vivo, tu cabeza disfruta de torturarte una y otra vez con los mismos pensamientos pesimistas. Sabes que tienes que seguir adelante, pero por dentro deseas morirte de una vez y dejar de desperdiciar oxígeno. Te mortificas por un error, una maldita decisión, que ni siquiera puedes cambiar.
Al final, recuerdo que todo terminó con esas preguntas.
Estaba tirado en mi cama, oculto bajo las sábanas. No lloraba, no podía hacerlo, no podía dejar que me vieran llorar por aquello (buen tema para otro capítulo, lo dejo pendiente). Entonces, algo dentro de mí preguntó:
—¿Quién eres?
La respuesta me pareció obvia en un principio.
—Soy Nick —me autorrespondí.
—No. —me dije a mi mismo. —¿Quién eres?
Fue confuso, lo admito. Preguntarte algo a ti mismo y fallar en la respuesta, parece tan ridículo como perderte entre los pasillos de tu propia casa. Sin embargo, esa pregunta, que parece tan simple y conocida, no lo era en realidad.
Tardé unos cuantos minutos (y varias discusiones agitadas con mi propia consciencia) hasta que entendí lo que me estaba preguntando realmente.
—Soy un niño —me dije entonces. —Un tonto niño que creyó que podía ganar fácilmente a todos los demás alumnos del país, pero no fue así. No soy tan bueno…
»En realidad, soy bastante torpe. Suelo actuar antes de pensar, por eso caí en las preguntas trampa. Soy demasiado confiado, por eso no revisé bien mis respuestas. Soy demasiado orgulloso, por eso no dudé en que podía fallar. Soy…
Y una cantidad de cosas que no vienen al caso. El punto es que hice un análisis completo de mi persona. Mirándome sin filtros, contando cada uno de mis defectos y errores. Solo así mi consciencia pareció tranquilizarse.
—¿Y qué quieres? —me preguntó después.
“Puta madre, sigue jodiendo.” Admito que pensé algo por el estilo. Pero bueno, en mi defensa, llevaba días en cama con mi cabeza en mi contra. Estaba harto de escucharme a mí mismo.
De todas formas, está vez fue más fácil responder.
—Quiero ir a la universidad. Quiero estudiar y convertirme en ingeniero.
Esas palabras, lo cambiaron todo. De repente, mi panorama cambió. Y es que cuando me pregunté a mí mismo quién era, eso me dio un punto de inicio. Me dijo exactamente dónde estaba y cómo era yo. Luego, cuando me preguntó qué quería, eso marcó el final. Me dio una dirección, un sitio al que apuntar.
Ahora solo faltaba trazar el camino.
Las dos preguntas, que tan tontas parecen, tratan realmente de eso. De saber dónde estamos hoy, quienes somos, cómo somos, qué nos falta y que tenemos, en qué somos buenos y en qué fallamos. Y de saber a dónde queremos apuntar, qué queremos conseguir, quienes queremos llegar a ser, en qué nos queremos convertir.
El problema más grande, es que solo nos hacemos estas preguntas cuando ya es demasiado tarde. Cuando ya nos hemos perdido por el camino. Desde esa última vez, yo no he parado de hacérmelas cada día frente al espejo. Porque mientras caminamos, es fácil desorientarnos entre las curvas e intersecciones de la vida, y así olvidar dónde estamos. Es fácil distraernos con el paisaje y olvidar a dónde vamos. Es por eso que muchas veces terminamos perdidos y sin rumbo (y créanme, esa situación nunca es bonita). Para evitarlo, debemos preguntarnos, interrogarnos a nosotros mismos constantemente. Mirarnos y preguntarnos: “Oye tú, ¿quién eres hoy? ¿Qué es lo que quieres hacer?”. (Tampoco exageren, no los quiero gritando solos en medio de la calle como locos por mi culpa. Pero, entienden el concepto.)
Bueno, me encantaría decir que gracias a eso, volví a hacer el examen y entre en la universidad que quería. Pero lastimosamente no (solo se podía hacer el examen una vez y la universidad era demasiado cara para que un pobretón como yo pensara siquiera en poner un pie cerca de allí). Sin embargo, gracias a eso logré ponerme en movimiento. Conocía mi ubicación y mi destino, solo faltaba comenzar a caminar. Hoy en día, voy por mi tercer año de ingeniería en otra universidad (también muy buena). Entré sin problemas en el primer intento, e incluso pude ir con mis amigos. Pero no hubiera logrado nada de eso si me quedaba quieto. Si me quedaba allí, en la cama tirado, siendo aquel niño orgulloso que no podía creer haber fallado…
¿Y ustedes? ¿Saben dónde se encuentran? ¿Y a dónde piensan llegar?
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Un pequeño: Hasta luego
Bien, creo que se me ha ido un poco de las manos esta primer NewSleter. Espero no haberlos aburrido demasiado.
Como de costumbre, me he ido por las ramas. La idea era presentarme y contarles mi objetivo y por qué hago esto… Pero bueno, supongo que lo dejaré para la próxima… ¿edición? ¿mail? ¿capítulo? (aún no sé cómo se miden estas cosas)
De todas formas, espero les haya gustado esta primer reflexión.
Si así fue, no sean malos y déjenme un comentario. Lo que sea: díganme quiénes son y qué quieren, o díganme que escribo mal y que me dedique a otra cosa si eso les parece. Todo es bienvenido.
Les manda un cálido saludo Nicks.



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